18/12/09

Santa Mariña de Augas Santas (entre paréntesis)


La historia de esta santa natural de Xinzo de Limia (Ourense), es verdaderamente sorprendente. La contaré con brevedad para aquellos que no la conozcan.


Siendo Marinita una hermosa e ingenua pastorcilla (aun no era santa), se dedicaba a cuidar el ganado de su familia en Piñeira de Arcos sin hacer daño a nadie (años más tarde haría lo mismo otra famosa vaquera en la Finojosa). Un día la vio un gobernador romano (todavía no había aparecido en el mapa el Marqués de Santillana), y se enamoró perdidamente de ella. Este hombre que podría haberse llamado con toda tranquilidad Perfecto Bruto (un buen nombre romano), en realidad se llamaba Olibrio, y como Marina no le hizo ningún caso el tipo que era un sinvergüenza, se puso hecho una fiera (suele ocurrir).


La mandó prender (empezamos bien, abuso de autoridad), e hizo que la despellejaran con unos rastrillos de hierro (más, sadismo y violencia de género). Pero Marina apareció al día siguiente como nueva (sorpresa mayúscula pues aun no se conocía en aquel momento la cirugía plástica reparadora). Después el romano la arrojó a un pozo atada de piés y manos (agresión con daños), pero tampoco tuvo éxito pues las ligaduras se soltaron y Marina, que había practicado de niña natación sincronizada, no tuvo ningún problema para mantenerse a flote. Deseperado Olibrio hizo que metieran a la muchacha en un horno encendido (como se puede ver no se andaba con tonterías), pero San Pedro que está a la que salta, la rescató ilesa (en esta vida no hay como tener buenos amigos situados en puestos clave en las alturas).


Por último el gobernador la ordenó decapitar (homicidio, esta vez sí). Pero el sistema tampoco funcionó pues la chica una vez decapitada siguió sin atender a sus demandas amorosas (chasco total). Así que Olibrio tuvo que rendirse y renunciar por fin a sus absurdas pretensiones. El resto es conocido: en el sitio donde cayó la cabeza de la santa (obviamente a estas alturas ya era santa) nacieron tres fuentes cuyas aguas, como se puede deducir por el título de este cuento, también son santas. Pueden ustedes ir a verlas y comprobarlo por sí mismos (es lo que se llama “ir a las fuentes”).


NOTA: Además de las tres fuentes (santas) de Santa Mariña de Augas Santas, en el mismo lugar existe un roble santo, que parece ser fue propiedad de la santa. Nunca se ha podado este árbol milenario (y santo), pues se dice que si algún día se cortan sus (santas) ramas, de ellas manará sangre (probablemente santa).

Isaías


Fue una lástima que no se cumpliera la profecía de Isaías en la que auguró que los montes y las colinas romperían a cantar. Hubiera sido un espectáculo fantástico: mucho mejor que All that Jazz.

16/12/09

El Buho Disecado

Unos amigos me han hablado de un proyecto realmente original que desean llevar a cabo: resucitar y publicar en español "El Buho Disecado", la famosa revista de Wyndhan Lewis que antologizaba la peor poesía existente en el mundo. Los “clásicos monumentales de la mala literatura” como los llamaba Chesterton. No puedo por menos de prestarles todo mi apoyo, como mínimo moral, en tan arduo e ingente trabajo. Y ardo en deseos de tener entre mis manos el primer número de esta publicación... supongo que será gigantesco.

Tacirupeca


Tacirupeca es el cuento de Caperucita más o menos -silábicamente- al revés. Mucha gente se lo sabe entero de memoria. Dice así: “Bai tacirupeca rop le temon dotancan temengrelea: Ralatrá, ralatrá, ralatrá... / Y de tepenre ¡mup, le bolo! / ¿Adedon vas, tacirupeca? / Yvo a saca de mi talibuea”. Se puede seguir así hasta el final, pero no deja de ser una tontería enorme.

15/12/09

Enchanté

Una princesa era tan cursi que en lugar de encantada estaba “enchanté”.

La perla


Un pescador de esponjas encontró una perla en el fondo del mar. Fue al mercado y la cambió por un pan. Abrió el pan y dentro había otra perla. Le regaló esta segunda perla a su novia y ella tuvo un niño. El niño traía un pan debajo del brazo y dentro del pan... había una tercera perla.


La historia podría haber continuado así indefinidamente, pero por desgracia el niño desconocía el valor de la perla y la arrojó al mar.

Los dos milagros de Santarém


Un truco mágico muy bueno de la Edad Media y que pocos magos sabían practicar con destreza era el de encerrar vientos en un huevo. Felipa de Santarém, una bruja que vivió en la villa portuguesa del mismo nombre a finales del siglo XII dominaba este arte: encerraba varios vientos distintos en un huevo de gallina normal y lo vendía. El caso ha sido contado en más de una ocasión por don Álvaro Cunqueiro y otros cronistas. Después el comprador del huevo no tenía más que arrojarlo al suelo donde quisiera, y al romperse la cáscara los vientos se liberaban y desataban un huracán.


Estos huevos eran muy populares y mucha gente viajaba desde todos los rincones de Portugal para comprarlos. Felipa vendía cada uno por dos Barbudas de Vellón, la famosa moneda que Fernando I, el rey portugués “muito amador de mulheres”, acuñó para celebrar la conquista del Reino de Galicia.


Algunos historiadores (pocos) atribuyen a la intervención de uno de estos huevos el Milagro de Santarém, que se produjo en 1370. Entonces el relicario de cera que se conservaba en la iglesia de San Esteban y contenía la Hostia Sangrante se rompió sin ayuda de nadie en mil pedazos. Dicha teoría sin embargo nunca ha sido muy divulgada, sobre todo a causa de la frontal oposición con que fue acogida siempre por la Hermandad del Santo Milagro, que la considera una herejía. Actualmente la Hostia que continúa licuándose todos los años, dispone de una nueva ampolla de cristal y puede ser contemplada libremente, y gratis, por peregrinos y visitantes en el altar mayor de dicha iglesia.


El Otro Milagro de Santarém, no menos importante que el primero, fue el de Salgueiro Maia. Este hombre santo también desató una tempestad, pero en toda Portugal. Una tempestad de flores. Fue el 25 de abril de 1975 si bien para lograr el prodigio, en aquella ocasión Maia empleó un sistema distinto al de Felipa. Convocó a los demonios a través de la radio con una canción, una de Zeca Alfonso: Grandola Vila Morena. Y los demonios -Maia era un mago poderoso-, respondieron todos a una.

12/12/09

Cerdos famosos (breve diccionario)


Babe. Todo el mundo lo conoce. El simpático cochinillo, además de gran actor es un admirable ejemplo de valentía, tenacidad y superación personal. Y su historia, una maravillosa en la que el pequeño lechón nos mostró cándidamente cómo un diminuto gorrino con corazón, puede llegar a convertirse en un verdadero héroe siendo tan solo él mismo. (Aplausos).


Black Beauty. Esta cerda solípeda propiedad de Anna Sewell, la famosa escritora inglesa, fue una excelente corredora de larga distancia y en cierta ocasión llegó a ganar, contra todo pronóstico el Gran Derby. La vida de Black Beauty fue objeto de numerosas biografías y películas, entre estas últimas una muy famosa protagonizada por Liz Taylor niña.


Calco. Rey de los Daunios que estaba enamorado de Circe. Su historia es muy complicada. Circe era una maga muy poderosa que vivía en la isla de Ea. Cuando Ulises llegó allí, Circe se enamoró de él enseguida ya que Ulises era muy guapo y Circe no había visto nunca a nadie así. Calco por aquel entonces cortejaba a Circe constantemente, así que ésta para librarse de él lo convirtió en cerdo; un procedimiento tan válido como cualquier otro para deshacerse de un pretendiente. En su nueva condición Calco se volvió un rey justo y sabio, muy apreciado por sus súbditos que prefirieron siempre su nueva naturaleza a la antigua.


Cerdo de Espasante. Gorrino elegido cada verano en Espasante (Ortigueira), al que se da durante seis meses un alojamiento de primera categoría en la conocida localidad coruñesa. El marrano, que es cuidado con mimo por todos los vecinos, tiene el privilegio de andar libremente por las calles de Espasante, presentarse donde quiera, a cualquier hora del día o de la noche, y ser recibido siempre con grandes honores. Esta tradición recuerda la de la Cerda Presentárea de Roma (véase la entrada Proserpina Cesárea más abajo), si bien en este caso el gorrino no es sacrificado, sino adjudicado en sorteo el día 6 de enero. Lo que haga después su propietario con él ya es cosa suya. Existe un monumento a este cerdo en el centro de Espasante, que puede visitarse de forma gratuita.


Cerdo de Leibetra. Legendario cochino tracio de gigantesco porte que asoló la ciudad de Leibetra, y en un solo día la convirtió en ruinas. Según se dijo entonces, la justa furia de este animal se debió a la profanación de una tumba de Orfeo. Para comprender lo de “justa”, hay que leerse la historia de Orfeo entera.


Charlotte’s Piggy. El famoso “Cochinito de Carlota” no era un cerdo real, sino un cerdo-hucha. Los cerdos-hucha, también conocidos por el nombre de lechones de ahorro, son seres muy interesantes y útiles pero no son verdaderos cerdos, por lo que no vamos a perder el tiempo hablando de ellos aquí.


Eubuleo el Benévolo. Cerdo mago que presidía las ceremonias de Eleusis. Se desconoce cual era exactamente su papel en los famosos “Misterios”, aunque algunos autores opinan que Eubuleo dirigía a los jóvenes en la legendaria “Ceremonia del Fuego”, los hacía atravesar desnudos las llamas y los devolvía ilesos al mundo.


Kikungugochu. Bondadosa cerda guipuzcoana que tenía el corazón de un pájaro y el ansia de volar. Esta cerda, asturcelta pura, perteneció a Mariasun Landa, profesora de filosofía en San Sebastián, que la cuidó y alimentó delicadamente durante años con sonatinas y habas nuevas en ensalada. Kikungugochu con el tiempo, efectivamente aprendió a volar, empleando para ello tan sólo su limpia alma de pájaro y sus anhelos (véase la entrada Wilbur más abajo).


Murcina. Princesa cerda de raza chata ibérica, que vivió en la antigua Tartesos y fue muy admirada por su belleza, por la elegancia de su figura y por sus exquisitos modales en la mesa. Philippe Lechermeier la había incluido en el primer manuscrito de su famoso libro “Princesses oubliées ou inconnues”, pero la ilustradora Rebeca Dautremer se negó a dibujar la oronda efigie de la gorrina, alegando falta de ganas. Debido a este contratiempo, Lechermeier al final tuvo que excluir a la princesa Murcina de la edición del libro, lo que explica que la bella paquiderma no aparezca en él.


Napoleón. Verrraco de aspecto imponente de la raza Berkshire que fomentó la rebelión en la Granja Manor y tras la Batalla del Establo de las Vacas, se hizo con el control político y económico de la misma. Napoleón, que empezó haciéndose llamar camarada por el resto de los animales, acabó convirtiendo la granja en un régimen dictatorial y personalista basado en la represión de las libertades y en la explotación sistemática de los trabajadores. Sus acólitos lo llamaron “Protector del rebaño de ovejas”, “Amigo de los desheredados, “Amigo de los patitos”, “Sol que deslumbra al cielo” y otras perlas semejantes, con el fin de desviar la atención del pueblo de su gobierno de sangre y terror. Por supuesto, Napoleón acabó convirtiéndose en un hombre... tal vez ya lo era antes.


Olivia Falconer. Pequeña y simpática gorrinilla de raza danesa que nació en Connecticut en la década de los cincuenta y se crió en Nueva York, donde estudió danza y arte contemporáneo con gran aprovechamiento. Gracias a un fortuito golpe de suerte en la bolsa, en 1962 Olivia se hizo multimillonaria. Entonces adquirió varios cuadros de Degas (su pintor favorito) en Sotheby’s y se dedicó por entero al coleccionismo de arte, especializándose en mobiliario decó y maestros del XIX. Actualmente Olivia vive cómodamente en Miami y su galería privada de impresionistas y pre-impresionistas es una de las mejores de América.


Proserpina Cesárea. Cerda romana de buena cuna que fue sacrificada en el año 48 en el Capitolio con un difunto de cuerpo presente, con el objeto de purificar a la familia del finado. El experimento resultó un éxito, por lo que de allí en adelante y en honor de Proserpina, los romanos instituyeron el rito de matar a una cerda a la que llamaron Cerda Presentárea, en todos los funerales.


The Three Little Pigs. Aunque todo el mundo conoce el cuento de estos tres famosos gorrinos, pocos se han dado cuenta de las implicaciones políticas y sociales que subyacen en la historia. No es un cuento tan inocente como parece. Baste decir esto: el primero de los cerdos que hizo una casa de paja, era (obviamente) campesino. La casa fue derribada de un soplido por el lobo y el pobre lechón murió devorado por el cánido. El segundo cuya casa era de madera, era carpintero y siguió el mismo trágico destino que su hermano. Y el tercero por fin, que hizo su casa de ladrillo era constructor (¿de qué otro modo si no podría haberse hecho una casa de ladrillo?). Pues bien, este se comió al lobo. Piensen ustedes lo que quieran.


Wilbur. Este diminuto ejemplar de chester blanco, que llegó a ser profesor en Harvard a pesar de su baja estatura, se hizo famoso (y rico) al inventar la agenda de “día por página”, en la que el usuario podía anotar cada una de las actividades diarias en una línea distinta, hora por hora. La agenda, que Wilbur ideó y desarrolló en colaboración con Mrs. Templeton, fue un éxito de ventas, y su patente reportó al pequeño chester pingües beneficios. David Wiesner, el ilustrador, llegó a utilizar la agenda Wilbur en 1991 como base para elaborar su famoso libro “Tuesday”, en el que los cerdos consiguen por fin (un sueño largamente acariciado por esta especie desde siempre) volar.

Sanandresiños

Parece ser que estando Cristo de viaje por España, llegó en cierta ocasión a Teixido, en la costa coruñesa, y tuvo sed. El Hijo de Dios tomó entonces una manzana y la partió por la mitad, descubriendo con sorpresa dentro de la manzana a San Andrés, que vivía allí cómodamente instalado. Según se ha contado la manzana estaba muy bien distribuida: tenía su propia celda, una capilla, e incluso un pequeño refectorio.


Es obvio que esta leyenda es falsa. Si fuera verdad San Andrés tendría que haber sido diminuto. Probablemente no mediría más de 2 ó 3 centímetros, y eso suponiendo que la manzana fuera normal, una golden o una reineta. Un hombre tan pequeño tiene muchos problemas: corre el riesgo de ser pisado o devorado por cualquier alimaña y tiene que fabricarse la ropa él mismo. En contrapartida tiene la ventaja de que se alimenta con poca cosa. El tema da mucho más de sí. Aquellos que deseen profundizar en él pueden documentarse volviendo a ver un clásico del cine en blanco y negro: “El extraordinario hombre menguante”.


A San Andrés sin embargo, el ser así de pequeñito no le impidió ser tan santo como cualquier otro santo, aun como los de tamaño normal o los más grandes: Dios es justo y sabio, y trata a todos por igual. Ignoramos si Jesús se comió la manzana. Actualmente en la romería se venden Sanandresiños, unas simpáticas reproducciones del santo hechas con miga de pan coloreada, si bien no son de tamaño real sino mayores. Aunque son de pan no se comen. Como inevitablemente irá usted allí algún día,* puede comprarse un Sanandresiño o varios. Resultan muy decorativos, tanto en el salón como en la tumba.


* ”A San Andrés de Teixido vai de morto quen non foi de vivo.”

09/12/09

Rise and fall of the (in)famous artist Richard Bransk


La historia de Richard Bransk merece ser contada. No es conocida. Richard Bransk nació en Castle Rock (Dakota del Sur), un verano de 1980. Fue el tercer hijo de Zoromin Bransk, un inmigrante polaco profesor de humanidades que se hizo multimillonario en los Estados Unidos gracias a los bonos basura; y de Concepción Hidalgo, la segunda esposa de Zoromin, una extravagante artista de origen mejicano cuyas elaboradísimas composiciones plásticas realizadas a base de piel de lagarto fueron muy famosas y admiradas en su época.


El pequeño Richard, de gran precocidad artística, parecía estar llamado desde muy joven a ocupar un lugar de privilegio en el mundo del arte. Dibujante mediocre, peor músico y carente por completo de talento para la escultura y para cualquier otra disciplina artística, recibió sin embargo gracias a la influencia y el dinero de sus progenitores, una esmerada educación en las mejores escuelas de arte de América y Europa. A las de África no fué porque: a) creyó que no había. b) y esto es una opinión: tal vez en ellas hubiera aprendido algo. Pero no. A la tierna edad de once años el pequeño Richard se hizo con seis tablas viejas desechadas por un pocero que trabajaba en la hacienda familiar, las embadurnó con pintura gris y las clavó malamente en un lienzo junto con unas cuerdas mugrientas. El resultado fue “Trío Gris”, una obra presentada por su madre en el Moma y descrita entonces por el prestigioso crítico Hans William Rogers, buen amigo de la familia, como: “ Vivaz, arrebatada y de una extraordinaria maestría y elegancia. Esta primera obra de alguien tan joven sorprende no sólo por su precocidad, sino sobre todo por su brillantez. Si bien en un formato reducido, “Trío Gris” no es por eso una obra menor. Es ya todo un Bransk y anticipa a un artista que dará mucho que hablar en el futuro.”


Efectivamente. “Trío Gris” habría de marcar el inconfundible estilo de las siguientes obras de Richard, construidas casi siempre con materiales de desecho, generalmente tablas viejas y sucias, dispuestas sobre el lienzo arbitrariamente, más o menos en forma de aspa, y torpemente decoradas con algún otro objeto igualmente deleznable y a menudo apestoso. Unas composiciones que en palabras del ya citado Hans William Rogers: “...se alejan del arte povera, del trash-art y de otras tendencias similares, y aun bebiendo en las fuentes del ready-made, de la geometrización abstracta y de las instalaciones conceptuales más vanguardistas, constituyen una nueva visión, clásica en su planteamiento pero revolucionaria en el estilo y en la forma. En Bransk el collage creativo y la intervención técnica responden no tanto al deseo simbolista de introducir en el discurso artístico fragmentos de realidad, como al de sacudir la conciencia del espectador con una propuesta radical e inacabada, y hacerlo consciente de su diminuta infinitud frente a la grandeza de la historia y del arte.”


En 1996 Richard viajó a París, donde residió durante dos años y tuvo ocasión de tomar contacto con las vanguardias europeas. Allí produciría sus obras más brillantes. Algunas legendarias como “Purple 4” y Purple 7”, inspiradas en el color del vino de Borgoña que tanto llegó a apreciar (se dice que solía consumirlo a menudo con sus amigotes acompañado de foie y pan de Poilâne en las tabernas de la Ille de la Cité). O como la famosísima serie “Tableaux”, en la que la influencia francesa es más que notable y puede apreciarse sobre todo en el título, ya que como un gran artista fiel a su estilo sus composiciones seguían siendo las mismas, con las mismas cuatro tablas viejas de siempre. Su fulgurante ingreso en la Academia de las Artes Francesa al día siguiente de su llegada a la Ciudad de la Luz, no fue sino la consecuencia previsible de los innumerables donativos con los que sus padres y un nutrido grupo de empresarios y amigos leales agasajaron a los más respetables miembros de dicha institución. Todo un éxito. Su ascenso era imparable. Durante gran parte del año 1997, cuando apenas tenía diez y siete años, Richard publicó con asiduidad sus impresentables dibujos en todas las revistas artísticas de Europa e hizo innumerables exposiciones en las mejores galerías, gracias sobre todo a la eficiente estructura empresarial y de tráfico de influencias precisamente diseñada y convenientemente alimentada por sus promotores.


A finales del mismo año la antológica “The New Richard Bransk” en el Grand Palais, que se repuso acto seguido en la Tate Gallery y después en el Reina Sofía de Madrid, lo consagraron definitivamente como el gran artista americano del siglo XX. La crítica, o sea Hans William Rogers de viaje en París, emitió el siguiente comunicado desde el Crillon, donde se alojaba: “Bransk ha superado el síndrome autista de las instalaciones, del video-art y del conceptualismo que ha presidido el arte moderno, devolviéndonos el gran arte, el de los cuadros-basura que nos muestran la belleza de lo horrible y nos invitan a reflexionar sobre la grandeza y la mentira. Este artista temperamental, con sus sorprendentes composiciones en las que predominan la suciedad y el silencio, nos trae ecos del droping-art y de los verdaderos y grandes descubrimientos del último arte que había perdido el sentido de lo auténtico. Bransk y su virtuosismo ponen en duda nuestro sentido de lo correcto con un latigazo de realidad. Recibamos al nuevo héroe del arte. ¡He aquí al Pollock del siglo que viene!”.


En 1999 Bransk regresó a América para exponer en el Moma y convertirse a los diez y ocho años, en una leyenda viva. Sus cuadros, convenientemente apoyados por unos cuantos amigos poderosos situados en puestos clave, se convirtieron de la noche a la mañana en el gran negocio del arte del momento y rápidamente encontraron un hueco en todas las grandes colecciones. Y Bransk se convirtió en “El Gran Bransk”. Los museos se lo disputaban. Las revistas especializadas le dedicaban grandes reportajes. Las editoriales publicaban cualquier escrito suyo, aun aquellos que carecían totalmente del mínimo valor artístico (que eran la mayoría). Random House llegó a editar en dos lujosísimos volúmenes las listas de la compra y los post-it que Richard pegaba en la pared de la nevera de su casa, con los títulos de “Shopping with Bransk” y “Write on White”.


Era una locura. Los coleccionistas mataban por hacerse con un cuadro suyo. Y no es una metáfora: “mataban” por hacerse con un cuadro suyo. Randolph William Hearst, el magnate de la leche, planeó y pagó en 1999 el asesinato de Javier de Ville, su amigo de la infancia y vecino en Beverly Hills, con el único objeto de robarle sus seis Bransks. Mathew Neerland, el multimillonario actor de cine, ordenó el secuestro de su primo Markus Halle-Gainsborough y pidió como rescate a la esposa de aquel los tres Bransk que poseía la familia. La señora Gainsborough, haciendo gala de una entereza fuera de lo común no accedió al chantaje y de ese modo perdió de vista a su marido para siempre, aunque se tuvo que quedar los cuadros. Dos redactores del Post demostraron que Jorge Toledo, senador demócrata por el estado de Nuevo Méjico, extorsionó en Washingthon en 1998 a tres gobernadores que poseían obras de Richard, con el único fin de hacerse con ellas... Todas estas personas fueron juzgadas por sus crímenes y convenientemente absueltas. Y es que por lo general, en aquella época hasta los jueces consideraban lícita cualquier cosa con tal de hacerse con un Bransk.


Entonces la pregunta es ¿por qué cayó? Los cuadros eran basura, es cierto, pero obviamente esa no fue la causa. A fin de cuentas las mejores colecciones de arte contemporáneo están llenas de obras infames, instalaciones idiotas, y dibujos y fotografías que uno ni siquiera utilizaría para limpiarse el culo. Claro que tratándose de arte este hecho es intrascendente, siempre que haya alguien dispuesto a pagar por el papel higiénico una buena suma de dólares. Pero el caso de Bransk fue distinto. Tuvo mala suerte. Una sucesión fortuita, lamentable e inesperada de fatales casualidades lo condujo inexorablemente a la catástrofe.


El desastre empezó a fraguarse en 2001 cuando un desconocido periodista, John Greensboro, encargado de la sección de arte del Norton Herald Tribune de Marion, una diminuta localidad de Alabama, escribió un pequeño artículo a propósito de una miniexposición itinerante de Bransk en la escuela de secundaria local. La exposición formaba parte del programa “Culture and People”, financiada por el Bank of América y se titulaba “Good Cool Wood”. La reseña de Greensboro, que tendría que haber sido la típica crítica de provincias sin ninguna consecuencia y poco comprometida, se convirtió en otra cosa, debido sobre todo a la circunstancia casual de que John padecía un fuerte dolor de espalda el día en que visitó la exposición: “...aunque este joven artista ha tenido algún éxito reciente en Europa, lo cierto es que su obra resulta inconsistente. Esto puede apreciarse tan sólo echando una ojeada rápida a la muestra que se presenta estos días en la sala de arte de la St. John School, en Downing St. 6. Si bien algunos dibujos tienen cierto interés aunque no sabría decir cuál exactamente, la pieza estrella, “Políptico Verde 6” que es una de las de mayor tamaño, es una obra totalmente fallida. Repito: fallida. En concreto la tabla tres de esta composición (la tercera contando desde la izquierda y desde arriba) no tiene la inclinación adecuada. Debería de tener treinta grados con respecto a la horizontal en lugar de los treinta y dos que tiene. El ángulo con el que la ha colocado el autor resta brillantez a la obra y enturbia la armonía del conjunto. Y la diametralidad inversa se ha perdido. Además, no es lo bastante vieja. Por otra parte la tabla siete (segunda contando por la derecha desde arriba) muestra innumerables defectos de forma inaceptables en un artista de la categoría de Bransk, al que tanto se ha alabado. Los tres clavos que sujetan dicha tabla al lienzo no están lo suficientemente oxidados y el brochazo de pintura roja que la cruza de un lado a otro no es feo y anula el sentido dramático del conjunto. Por otra parte, la construcción en general se ve pobre e infantiloide y transmite una impresión, por ingenua, casi agradable. Además el acabado sintético e integrado de los volúmenes no está logrado. Ayer mismo una de las tablas del políptico se desprendió y cayó al suelo y yo mismo tuve que ayudar a levantarla y reponerla en su lugar”.


He aquí la primera casualidad. Nada podía molestar tanto a Greensboro aquel día como tener que agacharse y realizar un esfuerzo físico suplementario: “... tres visitantes tuvimos que pegarla como pudimos con supergén. James Mudock, el bedel de la St. John School que estaba presente, puede atestiguar lo que digo. En definitiva, una exposición tal vez interesante en algún aspecto como ya he dicho, pero en todo caso de un artista mediocre al que aun le falta mucho para llegar a algo a lo que me atrevería a asegurar que tal vez no llegue nunca. Señores del Bank of América: déjense de pamplinas; el que esto sea Marion no quiere decir que seamos idiotas. Traigan una exposición decente de una .... vez.“


Por supuesto el Bank of América no se echó a temblar por esto y el artículo hubiera pasado desapercibido para la crítica de no ser porque John Greensboro tenía un primo segundo en New York (he aquí la segunda casualidad) deseoso de hacer carrera. Se llamaba David de Moore. David era por aquel entonces un guapo y meritorio jovencito, secretario y amante de Neuman Winsfield, crítico de arte del New York Times (he aquí la tercera casualidad). Todo parece indicar que fue David inconscientemente, el verdadero causante de la caída de Richard Bransk. El 16 de julio de 2001 Winsfield, que tenía una columna semanal en la sección de arte del New York Times, publicó un artículo firmado por él y obviamente inspirado por el de Greensboro, en el que negaba cualquier talento, por mínimo que fuese, a Bransk. Pero el artículo en realidad fue escrito por David de Moore. Winsfield no estaba en condiciones de hacerlo aquel día. Un guiso de cabra en mal estado ingerido la noche anterior durante una cena en el Four Seasons lo había dejado fuera de combate (he aquí la cuarta casualidad).


Winsfield, que tenía una fe ciega en el talento de su protegido, pidió a David que escribiera él mismo el artículo suponiendo que se limitaría a hacer un refrito con otros artículos anteriores, aderezado con unos cuantos tópicos y lugares comunes (que había muchos) acerca de Bransk. Pero David era demasiado joven y demasiado guapo. No tenía ni idea de arte y mucho menos de Bransk. Angustiado ante la perspectiva de tener que escribir el artículo y sin saber ni siquiera como empezar se desesperó y entró en una crisis nerviosa. Entonces, presa de un ataque de bulimia compulsiva producto del estrés y sin saber qué escribir, abrió el paquete de comida que semanalmente le enviaba su madre desde Marion y casi no pudo creer lo que vieron sus ojos. Allí mismo, en medio del paquete había unas deliciosas morcillas de corzo cuidadosamente envueltas en una página del Norton Herald Tribune con un artículo titulado: “Richard Bransk: ¿un artista?, por John Greensboro”. Y he aquí la quinta casualidad. David leyó el artículo de su primo varias veces y, aunque tenía varias manchas de grasa lo copió y resumió como pudo. Y lo envió al periódico. Firmado por Winsfield.


Y la palabra de Winsfield era Palabra de Dios, te alabamos Señor. El artículo estaba firmado por él y aquello fue el principio del fin de Bransk. Los coleccionistas empezaron a deshacerse de las obras de Richard a toda velocidad. La mayor parte se vendieron en el mercado negro a un precio de risa. Tener un Bransk en casa era como no tener nada. Mucho peor. Ser propietario de uno era una auténtica vergüenza. Entre la alta sociedad y los grandes coleccionistas americanos la frase “Todavía tiene un Bransk” referida a alguien, se convirtió en una maldición que sentenciaba al aludido al ostracismo y le negaba totalmente la posibilidad de ser admitido ni siquiera en el peor club de la ciudad. En sólo dos meses el Moma liquidó todas sus existencias en Sothebys a través de una filial interpuesta, pero los beneficios obtenidos por las ventas apenas llegaron para cubrir gastos. El Museum of Modern Art de Chicago y la Flick donaron sus colecciones, aunque aun hoy se desconoce la identidad de los beneficiarios; y La Tate se limitó a arrojar todos los cuadros de Bransk que había en sus fondos al Támesis, lo que le valió una fuerte multa del ayuntamiento de Londres por arrojar basura al río.


De la noche a la mañana Richard se convirtió en persona non grata. Y dejaron de invitarlo a las inauguraciones. Como consecuencia de ello dejó de comer pinchos y canapés y su salud se resintió, ya que era de lo que se alimentaba básicamente. Enfermó, y acuciado por las deudas malvendió los pocos cuadros que le quedaban a su asistenta y a su chófer que poco después lo abandonaron y lo denunciaron por estafa. Hasta su familia le dio la espalda. El 27 de noviembre de 2001 Richard fue hallado muerto en su apartamento del West End por el portero del edificio, Andrés Ramírez. Este hombre declaró a la policía que había entrado en la casa del artista forzando la puerta, con la intención de recuperar los diez y seis dólares con treinta centavos que le había pagado dos semanas antes por el grandioso políptico “Table Over Table”. Andrés Ramírez, acusado de allanamiento de morada y robo por la fiscalía, fue absuelto por el juez que entendió que tratándose de un Bransk, su comportamiento estaba justificado.


Y entonces, con Richard muerto, su obra y su recuerdo desaparecieron del mundo para siempre. Se borró su nombre de los libros de arte y de las enciclopedias; se destruyeron los vídeos y grabaciones en los que aparecía. Las bibliotecas y hemerotecas se encargaron de eliminar todo rastro de su persona, y las galerías y colecciones privadas que habían tenido obra suya reeditaron sus catálogos rápidamente omitiendo en ellos cualquier mención a su obra. Y Bransk desapareció por completo. Si a estas alturas usted aun se está preguntando por qué no había oído hablar nunca de él, en las líneas que preceden tiene la respuesta.


Epílogo (Ars longa vita brevis).

Por supuesto mientras ocurría todo lo anterior, la mayor parte de los amantes del arte de todo el mundo, aficionados y expertos, connaisseurs y visitantes ocasionales, niños y viejos, jóvenes, hombres y mujeres de todas clases, como habían hecho siempre siguieron visitando la Catedral de Reims o Venecia; siguieron viajando a España para ver de cerca el Entierro del Conde de Orgaz o a Velázquez en El Prado; siguieron peregrinando a Italia para visitar Florencia y los museos Vaticanos; y a Francia para ver la Gioconda; y en fin, a donde fuere para ver lo que hubiere. O sea, por decirlo claramente: a toda esa pandilla de ignorantes en pantalones cortos o largos, vestidos de traje o con camiseta e incluso en chándal, pero con pretensiones culturales (entre los que seguramente nos contamos usted y yo), que andan por las ciudades del mundo cámara en ristre o libro de arte bajo el brazo, lo del tal Bransk les (nos) importó un rábano.


Así es la vida. That´s life. Good luck Richard!